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viernes, 15 de mayo de 2009

Y en su novela de las tres…¡Ángel Santiesteban y la trama siniestra!

Por Jorge Ángel Hernández

La saga ha ido circulando por correo electrónico, después de que el narrador cubano Ángel Santiesteban satirizara, sacudiera y bonchara (tres en uno) a un grupo de escritores que asistió a la Feria del libro de Mazatlán, en México. La idea en cuestión, del 04-04-2009, coloca tres tópicos fundamentales acerca del suceso: Primero, los miembros de la delegación aparecen en una cínica posición de tragalmuerzos de comedia española, con una pizca de Moliere (traducido en búsqueda de “baños de capitalismo”, o de agua caliente, y reclamos de viático, aunque ello sea a costa de humillaciones y maltratos, lo que en contigüidad de lógico sentido se convierte en constante para cada uno de los escritores que en la Isla vivimos); segundo, cualquiera que sea beneficiado por una institución del estado cubano con un viaje a un evento en el extranjero, o incluso con una llamada a ser jurado, es un dócil no problemático que va a gozar de un cínico e inmerecido estatus de “todos estrella”, y tercero, y muy importante, cuán dolido se siente el escritor, esencialmente humano, al ver que amigos y colegas sucumben a la depravación social. “Duele contarlo —se lamenta—. Cuando me lo dijeron sentí pena ajena por ellos. Un sentimiento solidario emerge, al constatar tanta humillación.”
Contiene el post además tres caracterizaciones de personajes nada gratuitas: la de uno, sin aclararnos quién, que decide sumarse a la delegación al descubrir que a su madre se le ha roto un zapato,[1] la de otro, tampoco identificado, que acepta sumarse a la delegación a partir de que pidiendo una semana más en el Distrito Federal conseguirá resarcirse de sus pérdidas,[2] en tanto la tercera enfoca a quien, “para disfrutar de la tranquilidad de una alimentación adecuada, sábanas limpias a diario, la CNN, y agua caliente para ducharse” siente que se ha “ganado el premio Nobel, o más que eso: campeón de los pesos completos”, obviando “que un amigo mexicano, dado a las letras, le aseverara vía correo electrónico que desconocía que en aquella ciudad organizaran una feria del libro”.
Con tres caracteres y tres tópicos, cómo no, se construye una historia, técnicas no habrán de faltarle.
Pero, aunque construida en esencia como tal, simulada incluso, no es una historia de ficción lo que presenta, sino una crónica testimonial lista para ser colocada en perspectiva, dando fe cada vez del carácter personal de fuentes y motivos, advirtiendo la esencial diferencia que media entre lo que en público se aparenta y aquello que en privado se confiesa. (¡Ante una sociedad depauperada ya por medio siglo, un gesto heroico se impone!) Posteriormente, en un discurso inspirado, concretará una declaración del objetivo que buscaba: “atendiendo a una realidad, exagerándola tal vez, critico que algunos de nuestros escritores, hayan viajado a un evento al exterior sin la atención, el sostén y las garantías que me parecen necesarias por parte del organismo responsable de ello.”[3] Así, la historieta ya cuenta con un héroe, antiheróico según las circunstancias: el hijo que nadie quiso, a pesar de sus radicales diferencias, de su incólume capacidad de mantenerse al margen de cualquier registro con valores extraculturales, no oficialista e insurrecto, de cualquier modo unido a esos pobres e infelices tragalmuerzos, a quienes seguirá llamando “amigos”.
Lo curioso es que, luego de que comenzara el post con la frase “AQUELLOS ESCRITORES, CUYA Literatura jamás cuestiona la gestión gubernamental”, va a desdecirse en su respuesta a Olga Lidia Triana, vicepresidenta para las relaciones internacionales del ICL, riñéndole con pregunta de respuesta incluida: “¿Dónde en mi artículo aparece alguna exigencia a estos escritores acerca del tipo de literatura que deben hacer?” ¿Era un elogio, acaso, el dictum de que la literatura de estos escritores jamás cuestione la gestión gubernamental? ¿Se cumple incluso el axioma al revisar la lista de implicados (Antón Arrufat, Anna Lidia Vega Serova, Francisco López Sacha, Laura Ruiz, Jorge Ángel Pérez, Rogelio Riverón, Laidi Fernández de Juan, Pedro de Jesús, Adis Barrios, Julio Travieso, Vivian Martínez Tabares y Ernesto Pérez Chang) y recordar siquiera parte de sus obras? Si algo es crítico con la realidad en que vivimos, es la literatura que desde las propias editoriales estatales se difunde, la mayoría del Ministerio donde tan mal lo ven y tanto lo publican y sin que, por mi parte, pretenda sostener que sea un lecho de rosas el proceso. No hay más que leer parte de lo que se edita a todo lo largo del país para toparse con un alud de ejemplos de esa crítica, buenas obras cuyos autores son sin embargo silenciados por los mismos analistas que colocan a autores como Santisteban, y algunos otros amigos y colegas, por las nubes de Dios. Estamos incluso al borde de la saturación, toda vez que el ejercicio literario usurpó el puesto que no acaba de ocupar la prensa, y acaso su olfato de escritor con gancho se lo esté anunciando.
Y estamos, además, al borde de un nutrido, carnavalesco y entusiasta proceso de neosolshinitzación.
Con prontitud, Santiesteban ha publicado su obra, crítica en efecto, bajo el auspicio de oficialistas, sin comillas, editoriales cubanas. Muchos escritores que lo sobrepasan en edad, número y calidad de la obra, no han conseguido publicar tantos libros como él, y no precisamente por censura, sino por sobrepoblación, por la difícil competencia que absorbe al campo de lo editorial en Cuba, donde él ha conseguido evaluadores que mejor lo comprendan. ¿Supone el laureado narrador que basta con que obra suya se presente a concurso para que sin discusión le corresponda el premio? Así se explicaría que se exhiba como más despojado que premiado. Sus lectores conocen, no obstante, su agudeza, y no pocos se asombran, dejándose llevar por el patrón psicológico de que la censura no te permite ni sacar la lengua, de que historias así hayan conseguido tan promovidas ediciones, tan exaltadas giras, invitaciones y etcétera. Con celeridad, se dispone a colocarse, blog mediante, en la palestra, lo que revela sin más al apostrofar a la funcionaria que había tenido el soez atrevimiento de cuestionar su actitud: “no me motivó a escribir el artículo la búsqueda de ningún viaje personal, todos sabemos que hacer mi escrito aleja más esa posibilidad y mi despido rotundo, pero no de la literatura, como usted, mal intencionada, dice, sino de los oficiales espacios de la cultura.”[4]
¿No es dable, quien sabe si asumiendo el supuesto derecho a exagerar, que la funcionaria Olga Lidia, en tanto persona que tal vez sepa leer y hasta fuese capaz de razonar, sacara cuenta de que, pudiendo escribir cuentos de calidad, teniendo diez libros inéditos sin editorial posible, si termina abriendo un blog para monsergas de esa índole, puede ser un anuncio de cierto acto de “despedida” de la literatura? Jugar con las palabras no es sencillo, pues, además de sonido, llevan significados dentro y, sin entenderlas bien se abren, regeneran en cajas de Pandora. De acuerdo. Pero. ¿Es ético mentir —exagerar quizás en ese juego audaz con las palabras— acerca de amigos y colegas, con la intención de acelerar el expediente de rebelde, antioficialista, “censurado” y “no bien visto por determinados funcionarios de la cultura cubana”? ¿No es una contradicción irresoluble pretender ser a un tiempo crítico y rebelde (porque el mundo lo hizo así) y bien visto por todos y cada uno de los funcionarios? ¿Quién puede creerse la historia de que al escritor que le preocupen los conflictos de su sociedad inmediata, y que con ellos se enfrasque en su literatura, va a trabajar sin contratiempos? Los que trabajan, y han trabajado, cómo no, bajo ese ámbito de facilidades, suelen saltar el charco según las circunstancias, recoger la pita allí donde los tiburones vienen a picar y, sobre todo, tachar a todo aquel que no conviene dejar hacer sombra en los panoramas que ellos mismos pergeñan.
Si pretendes acaparar los centros de atención mediática (que regeneran en invitaciones y viajes, becas y contratos, viáticos y premios, casualmente) nada más recomendable que ir arrasando con las sombras posibles, tachando en bloque y, sobre todo, realzándose, en medio (¡ah! ¡oh!) del dolor terrible que ello causa[5], de la desgarradura personal a que se ve forzado alguien tan humano, paridor de sus sufridos personajes cuya verdadera madre no pueden descubrir hasta el último capítulo. Pero así —lo que es tener la técnica adecuada para manejar historias—, todo está listo para que se deslice en el drama la neosolshinitzación: “estoy preparado para más. Quizá para lo peor. De todas formas, en momentos difíciles siempre pienso en el gran poeta Federico García Lorca”, anuncia, y sus lectores del mundo lo ven salvajemente arrastrado, dispuesto a asumir dignamente el paredón. Y luego, considerando que todos somos personajes de Rebelión en la granja, esa fábula escrita por encargo, y bien pagada, por el homofóbico agente CIA George Orwell,[6] describe cómo los funcionarios se ven en la necesidad de reunirse y tramar un complot para hacerlo desaparecer. En ese devenir del argumento, el resultado último de la fabulación queda planteado: “si el costo es que me dejen de querer por decir lo que pienso, lo que creo justo y necesario destacar, les puedo asegurar que estoy dispuesto a soportarlo.” He vuelto a colocar las cursivas, porque no es posible que surja nada más conmovedor que, al que nadie quiso, lo dejen de querer. “No me extrañaría —se impulsa en la construcción del personaje que necesita llevar a pedestal, del héroe sumergido en los inextricables enredos de la conspiración siniestra— que pronto me acusen de haber venido en la Brigada 2506 que desembarcó en Girón, aunque en 1961 aún no había nacido, pero el nivel de mentira dice que es posible; o quizá termine siendo el contacto en La Habana de un narcotraficante; o miembro de un comando terrorista de Miami”. La vida lo condena por su audacia: “Sé, estoy consciente, de que cada acto de rebeldía que cometa, será respondido con un acto de castigo. Si no queda otra opción, entonces lo espero. Es el precio. Eso sí: no dejaré de asumir y defender lo que pienso y escribo.”
Así vuelve a la carga, denostando con saña al “Desleal”, con el que polemizara en Cubaliteraria tiempo atrás, cuando no pudo soportar que criticara, con diverso criterio, pero sin exageraciones, la escuela normal para escritores del Centro Onelio Jorge Cardoso.[7] No pasa inadvertida, en este nuevo post,[8] su tardía defensa de A. J. Ponte, poeta y a empujones novelista, quien luego del teatro que escenificara en Cuba acerca de su limpieza de vínculos financieros espurios, descrito en ese mismo texto, emigrara por fin a su colocación en el Frente Occidental de la revista Encuentro, cuyos vínculos con instituciones “tapaderas” de la nunca concluida Guerra Fría han sido documentados en varias ocasiones no sólo por cubanos “oficialistas”, sino por periodistas extranjeros, no siempre simpatizantes del socialismo cubano. Por si no fuera suficiente, una buena cantidad de esa información, es decir, informes y documentos de las propias organizaciones financieras de la guerra contra Cuba a costa del dinero de los contribuyentes norteamericanos, se puede descargar fácilmente de sitios de Internet.
La diversidad de criterio implica diversidad de mirada, diversidad de recepción y, sobre todo, respeto a lo diverso, reconocimiento del otro. Para cumplirlo, hace falta mirar un poco más alrededor y ser capaz, incluso, de admitir que ese otro puede ser honesto, aun cuando su modo de pensar, de actuar, de elegir su pareja y su lectura, resulte por completo diferente al que tenemos por bueno. Muchos sentimientos se pueden esconder, pero es tan difícil con al ansia de gloria personal, que las palabras se encargan de volver a su sitio los significados.

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[1] En el post ha escrito: “Uno de ellos, que ve los viajes con la regla más pragmática del ajedrecista: se gana o en última instancia se logra tablas, titubeaba en asistir o no. Tal postura se traduce en que, si no puede conseguir algún dinero de viático o por la venta de libros para su beneficio, nunca sacrifica el poco dinero que tiene. Éste encontraba remota la posibilidad de adquirir algunos pesos, pues alguien le dijo que aquel festejo no iba más lejos que la feria de Las Tunas, sólo que, con luces y Coca Cola. Sin embargo, el propio día de la partida, a su madre se le rompió un zapato y, apremiado, voló al país vecino sin miramientos. Dios quiere que asista, me dijo, mientras guardaba un papel con la silueta de la plantilla. Uno de ellos, que ve los viajes con la regla más pragmática del ajedrecista: se gana o en última instancia se logra tablas, titubeaba en asistir o no. Tal postura se traduce en que, si no puede conseguir algún dinero de viático o por la venta de libros para su beneficio, nunca sacrifica el poco dinero que tiene. Éste encontraba remota la posibilidad de adquirir algunos pesos, pues alguien le dijo que aquel festejo no iba más lejos que la feria de Las Tunas, sólo que, con luces y Coca Cola. Sin embargo, el propio día de la partida, a su madre se le rompió un zapato y, apremiado, voló al país vecino sin miramientos. Dios quiere que asista, me dijo, mientras guardaba un papel con la silueta de la plantilla.”
[2] Una vez más lo que escribió en el post: “Otro integrante, previendo lo mal que pudiera irle en esa ciudad, pidió una semana más de estancia en el Distrito Federal, para a como fuera revertir sus carencias habaneras. Un baño de capitalismo, de vez en vez, no viene mal, aseguró Otro integrante, previendo lo mal que pudiera irle en esa ciudad, pidió una semana más de estancia en el Distrito Federal, para a como fuera revertir sus carencias habaneras. Un baño de capitalismo, de vez en vez, no viene mal, aseguró”
[3] Mías son las cursivas, pues no deja de llamarme la atención esa mezcla de duda y reconocimiento de la boutade de chico maldito que nadie, excepto Encuentro, quiere.
[4] Las cursivas son mías; el desmarque es suyo.
[5] Acaso esa misma cuerda lo movió a responder a esta pregunta: ¿A qué atribuyes esa aureola de temor que crean ciertos grises personajes en ciertas grises oficinas del poder cultural y político de la isla siempre que tus libros han intentado llegar sin complicaciones al destino natural de todo libro: ser publicados? No escojo mis temas —juro que no me propongo conscientemente buscar temas tabúes, peliagudos, de extremos—. Me surgen como las madres que tienen a sus hijos, no los escogen, no saben cómo serán, que bien o mal les traerán al mundo. Sólo ellas lo amamantan y los hacen crecer. Y los personajes grises, como dices, no lo entienden; pero peor que esos personajes, son los que no son grises, hombres inteligentes, preparados y trabajadores que están ahí entregando su vida por hacerlo cada vez mejor, desde su punto de vista. Alguien me dijo una vez que no había nada peor que un extremista con voluntad. Y me lo dicen en mi cara, que mi libro es bueno pero no les gusta, no aceptan que diga que haya hambre aunque exista; no quieren que escriba sobre los problemas sociales aunque nos ahoguen. Me lo dicen con cínica convicción. Por fanáticos se les apoda como Talibanes. No entienden, están cerrados al dialogo, a la confrontación. Y ellos ven mis libros como bombas. Textos degenerados. De hecho, tengo diez libros de cuentos terminados y dos novelas y no sé dónde ponerlas, los amigos que dirigen las editoriales me dicen que no hacen nada con recibirlas si después tendrán que darme evasivas.
[6] Las actividades de Orwell con la CIA, donde abundaban las delaciones de sus compañeros, sobre todo acusando la “debilidad” del que fuese homosexual, están documentadas en un libro publicado por la Editorial de Ciencias Sociales, en 2003: La CIA y la Guerra Fría Cultural, de la historiadora y periodista inglesa Frances Stonor Saunders, que también tiene ediciones en el Reino Unido, EU y España.
[7] Es el propio Santiesteban quien ha llamado “maestro normal” al artífice de este proyecto, en la entrevista antes citada que le concediera al nunca Desleal Amir Valle, otro de los “normalistas” fundadores.
[8] http://www.cubaencuentro.com/angelsantiesteban/blogs/los-hijos-que-nadie-quiso

›Julio Travieso le responde a Santiesteban

3 comentarios:

  1. Tremendo tapaboca para el chismógrafo...y sin derecho a réplica. Es común que se evalúe acorde a los principios de uno mismo, pero hay que tener en cuenta que no todos somos iguales. Es frecuente en cubanos de verdad que la dignidad sea el imprescindible pasaporte, el genial discurso y hasta el más cargado equipaje...claro, siempre hay quien no entiende de estas cosas!! Pobres mortales!!!

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  2. Una Pincha pa´Garrincha o una pin...cha

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  3. Gracias Lagarde por este escrito. De aqui brinco al blog de Angel Santiesteban, pues me han dado muchas ganas de leerlo. su literatura es buena, asi que no dudo que el blog tambien lo sea.

    Felicidades.

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