jueves, 14 de mayo de 2020

Debuta Luis Almagro en «La Catedral del Chisme»


Por M. H. Lagarde

Ante la disyuntiva de obedecer a sus superiores en Washington o resguardar el casi inexistente prestigio de la Organización que supuestamente dirige, Luis Almagro optó por lo primero y no vaciló en ir a blasfemar contra Cuba nada menos que en «La Catedral del Chisme» que conduce desde Miami el influencer Alex Otaola. 
Tal y como ya habíamos predicho, como el presunto Secretario General de la OEA ni siquiera se enrolló una toalla en la cabeza para estar a tono con el estilo de su farandulero anfitrión, el anunciado programa «Covid-19: Apoyamos al pueblo y no a la dictadura» no pasó de ser el mismo circo contra Cuba que Almagro, en su obcecado odio contra la Isla, por lo visto está dispuesto a protagonizar lo mismo en la ONU que en el vodevil de la infamia dirigido por la mafia anticubana de Miami.
En un primer acto intervino un grupo de teloneros cuya única función, además de repetir las ya consabidas calumnias en contra de las brigadas médicas cubanas, fue la de demostrar el poderoso aparato montado por Estados Unidos para realizar el trabajo sucio del que acusan a Cuba: la «trata de personas». Los verdaderos traficantes de personas son los que ponen en práctica los programas para incentivar la deserción de médicos, a quienes engañan mediante el chantaje de ofrecerles una visa hacia el llamado «sueño americano», siempre y cuando renieguen de sus principios y difamen del altruismo de sus misiones. 
Vale destacar la actuación, en el farandulero show, del actual administrador de la USAID, John Barsa, un señor de origen cubano que apenas si sabe hablar español, y quien lo único que dejó en claro fue el apoyo financiero que esa organización le presta a la «información libre», que, como se sabe, además de los teloneros mencionados arriba, la conforman los llamados periodistas independientes y los presuntos influencers que ahora le sirven de voceros a altos funcionarios de la administración Trump. 
Pero el plato fuerte de la noche fue la intervención de Almagro, quien, además de tener el descaro de citar a Martí, acorde con el lenguaje utilizado en La Catedral del Chisme, llamó a la Revolución «parasitaria» y «jinetera». 
¿Puede acaso un traidor que cambió sus ideas de izquierda por un buró en la OEA hablar de jineterismo? ¿De qué principios habla Almagro? Los que dice defender en relación con Cuba son un calco de los de sus amos de Washington. De igual modo, no puede hablar de dictaduras alguien que es un destacado instrumento de la nueva dictadura gansteril y fascista que Estados Unidos pretende imponerle al mundo. 
El peón uruguayo tuvo, además, la felonía de citar a Martí nada menos que en un programa en el que cuando único se ha mencionado al Apóstol ha sido para celebrar que se le rociara la cabeza con sangre de cerdo: «una declaración de guerra, un mensaje de que corriera la sangre por las calles de La Habana», según dijo entonces su «prestigioso» conductor.
Cómo puede citar a Martí y hablar de libertad alguien cuyo verdadero cargo es el de ser el Secretario General de Pompeo. Cómo puede el esclavo hablar de libertad mientras lo ahoga el grillete de su subordinación imperial. 
Fue noticia que el actual Secretario de la OEA fue reelecto luego de que el Secretario de Estado, Mike Pompeo, realizara un viaje a su traspatio con el solo fin de presionar a varios países para que lo reeligieran.
El último circo contra Cuba fue otro ejemplo de la cínica paradoja de la que adolece la propaganda de Washington contra La Habana. Quienes realizan la campaña contra los médicos cubanos, como se sabe, no hacen más que cumplir los antiguos mandamientos del secretario de Estado asistente, Lester Mallory, quien, el 6 de abril de 1960, dejó escrito en un memorando que la única forma de acabar con la Revolución cubana era sometiendo a su pueblo a la necesidad y el hambre. 
Los Pompeos y los Almagros que siguen tales mandamientos son, paradójicamente, al mismo tiempo, quienes pretenden erigirse en los defensores de los derechos de los cubanos que ese mismo bloqueo, que ellos imponen, les niega.
Las cinco preguntas que nunca respondió Luis Almagro, el secretario general de Pompeo:
1- ¿Por qué al gobierno de Estados Unidos, que reportó ayer 2 037 muertes por Covid-19 en un solo día, para una cifra total de 73 207 muertos y 1 227 430 casos confirmados, y donde el desempleo sobrepasa ya los 33 millones de personas, le preocupa más la solidaridad mundial de los médicos cubanos que la suerte de sus ciudadanos?
2- ¿Tiene alguna relación la catástrofe humanitaria que hoy sufren Brasil y Ecuador con el hecho de que hayan sido presionados, por el gobierno que él representa, a renunciar a la ayuda médica cubana?
3- ¿Por qué Estados Unidos, en vez de dedicarse a enfrentar el virus, ha aprovechado la pandemia para desmarcarse de la OMS, difamar a China, aumentar la presencia de sus tropas en Siria, amenazar e invadir a Venezuela, tirotear la embajada cubana en Washington?
4- ¿Qué tiene que decir el señor Secretario de Pompeo sobre los boinas verdes que se amarillaron en Venezuela?
5- ¿Aceptará Estados Unidos la ayuda solidaria de la Brigada Henry Reeve?

¿Danzará Luis Almagro al son de Otaola?


Por M. H. Lagarde

Otra evidencia de hasta qué límites ha llegado la decadencia de la propaganda anticubana será sin dudas la anunciada comparecencia de Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de John Barsa, actual administrador de la USAID, en el vodevil politiquero que dirige, desde Miami, el "influencers" Alexander Otaola.
Según anunció hace unos días el propio conductor del programa Hola! Ota-Ola, esas dos altas figuras del gobierno norteamericano -no olvidar que Almagro no es más que un vulgar peón de Pompeo- tendrán el honor, el próximo 7 de mayo, de rebajar hasta el extremo de la sordidez política, el poco prestigio con que todavía cuentan las organizaciones que ambos representan.
De acuerdo con los anfitriones, la presencia de estos personajes en "este importante evento será para darle continuidad a todos los esfuerzos que se vienen haciendo desde el exilio para impulsar la libertad de Cuba" y  "tiene como propósito desmontar de una vez por todas la falsa teoría sobre el embargo a Cuba".
La transmisión especial titulada “Cuba and COVID-19”, y que se podrá disfrutar en vivo a través del canal de Cubanos por el Mundo, quiere además "llevar al pueblo de Cuba una explicación clara y precisa de que toda la miseria y todas las limitaciones a las que son sometidos por sus gobernantes, no tienen nada que ver con el bloqueo, ni tienen que ver con el embargo”. 
O lo que es lo mismo, tratar de inflar, con burdas mentiras y manipulaciones, el mensaje principal de la propaganda anticubana que hoy dirige, con la anuencia de la Casa Blanca, el senador de la Florida, Marco Rubio. Mensaje, por cierto, que pierde todo su sentido ante una simple interrogante: Si "la miseria y todas las limitaciones a las que son sometidos por sus gobernantes, no tienen nada que ver con el bloqueo, ni tienen que ver con el embargo” ¿Por qué el Congreso de Estados Unidos no acaba de quitar el bloqueo?
En un show propagandístico sobre el coronavirus en Cuba no podía faltar, por supuesto, "tocar el tema de las misiones médicas cubanas", algo que, en estos tiempos de pandemia, parece preocupar al Secretario de Estado, Mike Pompeo, mucho más que los 70 mil muertos y casi 1,2 millones de casos positivos de la COVID-19 con que ya cuenta Estados Unidos.
A no ser que el actual administrador de la USAID, John Barsa, explique por qué todavía no se han desviado las decenas de millones de dólares que esa entidad se gasta anualmente en sufragar la subversión contra Cuba para atenuar los efectos de la pandemia en el país que hoy se ha convertido en su epicentro, nada novedoso tendrá su presencia en un show que diariamente se dedica a promover el bloqueo contra Cuba, atizar el odio entre la comunidad cubana residente en el exterior y sus familiares en la Isla, satanizar a los artistas cubanos, e incluso, incentivar el terrorismo.
Por cierto, ahora que el mundo de la política parece haberse cabaretizado y los llamados influencers histéricos, con turbantes y gangarrias, le sirven de voceros a los funcionarios de la actual administración estadounidense, los prominentes invitados de Otaola no deberían pasar por alto las denuncias realizadas, por estos días, por el influencer radicado en la Isla, Alex Guerrero, sobre la relación de su anfintrión con el ataque terrorista perpetrado recientemente contra la embajada de Cuba en Estados Unidos.
En fin que, al menos que Almagro se disfrace de Carmen Miranda -algo que no hay que descartar teniendo en cuenta la nueva tribuna del Secretario de la OEA-, y nos deleite con un buen meneo de caderas, su presencia, y la de los demás invitados en el vodevil de la infamia, solo confirma lo que ya todo el mundo desde hace mucho sabía: la subordinación de ese tipo de programas a lo más retrógrado y fascista de la mafia anticubana de Miami.

lunes, 27 de abril de 2020

Mercenarios al borde de un ataque de nervios


Por M. H. Lagarde

Después de que sus augurios sobre los destructivos efectos que la pandemia del Covid-19 desataría en la Isla se evanescieran en el aire ante una incuestionable realidad, al contrario de lo que ha ocurrido en países que suelen ser paradigmas del "desarrollo" y la "democracia", y lo sucedido en Cuba reniega de sus apocalípticos pronósticos, los mercenarios de las redes han perdido la compostura.
Sin argumentos para enturbiar la prestancia y la efectividad del sistema de salud cubano, cuyos servicios para enfrentar la pandemia han sido solicitados, además, por una veintena de países, solo les ha quedado como recurso el pataleo mediático, estrategia que consiste, en el mejor de los casos, en desvirtuar y manipular, a cualquier  precio, toda idea que contradiga los deseos de su sinrazón; y en el peor, en satanizar con una ola de insultos personales de la más baja calaña al emisor del mensaje.
Ilustro lo anterior con algunos ejemplos recientes. Si alguien publica que el accionar de los mercenarios es casi siempre "el mismo: manipular descaradamente una de las principales demandas de la población que el Gobierno, por razones económicas, no puede sastisfacer en su totalidad, en primer lugar, por el férreo bloqueo que nos imponen los mismos que sufragan sus "humanitarias" acciones", allá sale la jauría, disfrazada de pueblo, a decir que el articulista llamó también mercenarios a los descaradamente manipulados por sus troles.
Si el Presidente de la república dice durante una reunión que «Hay un enjambre anexionista en redes sociales tratando de sembrar incertidumbre y pánico… Cuba dispone de una poderosa red de medios públicos y de comunicación social que han demostrado profesionalidad, pasión y consagración absoluta al oficio de informar», allá van los mercenarios, algunos de ellos hasta con doctorados, a escribir largos ensayos sobre la historia del anexionismo o a sentenciar que tal palabra está nada menos que mal usada porque, al parecer, según ellos, comulgar con la política de la nación que desde los inicios del siglo XIX intenta apoderarse de Cuba, es un acto de patriotismo.
Un ejemplo aún más reciente: si al articulista descubre que, como suele ocurrir en muchas partes del mundo, la práctica del llamado «periodismo independiente», al servicio de una potencia extranjera, puede tener sus consecuencias legales, allá van otra vez los mercenarios y sus rayadillos de las redes a romperse la camisa, poner el grito en el cielo y tratar de responder, con vulgares injurias a sus familiares, los argumentos del adversario.
Sobre este accionar se ha escrito mucho por estos días en la prensa cubana. Una citada mirada sobre el tema fue la de la poetisa cubana Teresa Melo, quien, en un texto publicado en el periódico Granma, que también desató la ira de nuestros "patrióticos" anexionistas, señaló:
"Desde perfiles reales o falsos, sitios-basura anticubanos, “prensa libre” cautiva, leemos por minuto: ataques personales de descrédito con la más baja hechura a cualquiera que emita un criterio favorable a nuestro país; testimonios que repiten testimonios como si fueran propios; análisis sobre Cuba donde falta Cuba; frasecitas pomposas de quienes siempre nos criticaron por “pobres” y ahora nos exigen como “ricos”…
La desesperación que provoca su ataque de nervios hasta cierto punto es comprensible: si Trump —como esperan sus amos de la mafia anticubana de Miami— no sale reelecto, puede que nuestros fracasados mercenarios pasen a formar parte de los ya no se sabe cuántos millones de desempleados que ha dejado la Covid-19 en EE.UU.

martes, 21 de abril de 2020

El capitalismo es el virus



Por M. H. Lagarde


"El capitalismo es el virus". La frase que por estos días se ha vuelto viral tanto en Facebook como Twitter ha comenzado a replicarse en las paredes de los edificios.
Así lo muestra la foto tomada por el fotógrafo de la agencia Reuters, Carlos Barría, quien captó la imagen en un edificio abandonado de Nueva Orleans, Luisiana, EstadosUnidos.
La campaña mundial "El capitalismo es el virus" surgió a mediados del mes pasado a raíz de la ineptitud demostrada por algunos países desarrollados para enfrentar la pandemia de la COVID-19. 
 Muchos son los que por estos días responsabilizan al sistema capitalista de haber infectado al planeta con la contaminación ambiental generada por un consumismo desmedido. El mundo de hoy, con sus incendios, sus récord de temperaturas, glaciares en extinción, tormentas e inundaciones, es la caldera donde se cocina el apocalipsis.
De igual forma, el capitalismo en su mejor versión neoliberal, ha demostrado que, al anteponer las ganancias en el campo de la salud al bienestar de sus ciudadanos, ha sido incapaz de contar con los medios médicos necesarios para salvar la vida de centenares de miles de personas en el mundo.
Solo en el estado de Lousiana, en donde apareció la pintada, desde que se reveló el primer caso conocido en el estado el 9 de marzo, ya se han contabilizado más de 21,500 casos de COVID-19 y 1,013 muertos.
Como era de esperarse, un sistema emergido de las guerras, la explotación y el saqueo, en tiempos de coronavirus, ha sacado a flote nuevamente su esencia egoísta y, en vez de apelar a la solidaridad entre naciones para enfrentar la pandemía, no solo ha retomado la antigua práctica de la piratería, esta vez, no de oro, plata ni especias, sino de insumos médicos, y como si fuera poco, además, como en el caso de Estados Unidos, ha politizado sus culpas al retirarle a la OMS la subvención de 500 millones de dólares. ,
 Muchos son también los que se preguntan qué pasará después cuando la pandemia termine. Solo en Estados Unidos, dos semanas de COVID-19, han dejado en la calle a 17 millones de desempleados. Según los pronósticos del FMI, la economía mundial caerá en una recesión como nunca antes vista. El banco estadounidense Goldman Sachs advirtió este martes que espera que en Estados Unidos la crisis económica derivada de la pandemia del COVID-19 sea hasta cuatro veces peor que la de 2008 y señaló que las cifras de desempleo podrían ser similares a las que sufrió el país durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que no es difícil augurar que, trás la del virus, se expanda la pandemia del hambre.
De acuerdo con el lema de la campaña que circula por las redes: “El capitalismo es el virus, Corona es el síntoma”, no son pocos los que comparten la idea de que ha llegado el momento de cambiar un modo de vida que prioriza salvar los bancos y no duda en sacrificar, "democráticamente", miles de vidas para mantener el bienestar económico de sus plutócratas. 

sábado, 18 de abril de 2020

El coronavirus y la mentira final de Andrés Oppenheimer



Por M. H. Lagarde

En un fallido intento por salvar la honra del mal manejo que el gobierno de Ecuador ha hecho para contener la pandemia del coronavirus, algunos funcionarios de ese país han acudido a los medios de EEUU, para desmentir la veracidad de varios vídeos que circulan en las redes donde se muestran la presunta quema de cadáveres víctimas de la Covid-19 en las calles.
Pero como los mentirosos, al igual que el ladrón, piensa que todo el mundo es de su condición, para ello han apelado a un control de daños basado en la misma estrategia que critican: el uso de la fake news como arma de subversión política.
En un artículo publicado recientemente en El Nuevo Herald, el periodista de origen argentino radicado en Miami, Andrés Oppenheimer, se pregunta: ¿Hay granjas de noticias falsas en Venezuela, México y Cuba que están tratando de desestabilizar a varios países latinoamericanos, explotando la crisis del coronavirus para crear una ola de indignación contra gobiernos democráticamente electos? 
Oppenheimer además cita a la ministra del Interior de Ecuador, María Paula Romo: "las granjas de noticias falsas se han aprovechado de la crisis de Guayaquil “para tratar de desestabilizar” al país. “Buscan generar miedo, vender la idea de que hay caos en el país, que el gobierno no está a cargo y que hay una necesidad urgente de un cambio de gobierno”.
La verdad es que para demostrar que el gobierno de ese país no está a cargo y que en la ciudad de Guayaquil existe un caos total no hacen falta ni videos falsos ni ninguna granja de trolls operando en secreto en ninguna parte. El mundo sabe que: "A las miles de imágenes de ciudades vacías y hospitales colapsados impresas alrededor del mundo por la pandemia de coronavirus, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se sumaron en la última semana videos y testimonios sobre personas muriendo en las calles y cuerpos esperando días para ser recogidos en los hogares" y que "No retiran a los muertos de sus casas. Los dejan en las veredas, caen frente a hospitales. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas".
Las citas de arriba no están tomadas de ninguna página digital de Cuba, México, Venezuela. Que se sepa hasta ahora, a no ser que Oppenheimer  descubra pronto lo contrario, la BBC no anda confabulada con algunos de esos gobiernos ni se encuentra al servicio del expresidente de ese país Rafael Correa. 
La verdad es que el gobierno de Ecuador no tiene moral alguna para hablar de fake news. Fake News, en el campo de la justicia, es el proceso de lawfare que, por orientaciones de su nuevo aliado, el gobierno de Estados Unidos, ha desatado contra el expresidente Correa y la campaña de mentiras, también Made in USA, con que justificó la salida de la brigada médica cubana en ese país, cuya experiencia y solidaridad, por cierto, muy buena falta le hubiera hecho al pueblo ecuatoriano en este triste momento.
Menos moral tiene esa antigua granja de fabricación de mentiras que es El Nuevo Herald, cuya política editorial consiste en desatar campañas de mentiras contra los gobierno de Venezuela y Cuba. A diferencia de Oppenheimer ni descubro ni especulo nada. Desde hace décadas esa publicación forma parte del aparato propagandístico usado por Estados Unidos en su guerra subversiva contra Cuba. Ni revelo ni supongo tampoco cuando recuerdo que, desde inicios de los años ochenta, el gobierno estadounidense sufraga una emisora de radio con ese mismo fin o que en febrero de 2018 hizo publica la existencia de un grupo de Tarea en Internet (Task Force) para "apoyar" a toda una decena de medios "independientes" que, incluso en tiempos de pandemia, se dedican a manipular la información con el objetivo de sembrar el caos y el pánico entre la población cubana.
No invento nada si digo que las últimas mentiras de Oppeheimer parecen sacadas del recién comunicado hecho público el pasado viernes por el alto funcionario del Departamento de Estado, Michael G. Kozak, que en referencia a Cuba dice: “El régimen también está difundiendo desinformación peligrosa sobre el virus en todo el mundo con el objetivo de dividir a la comunidad internacional”.
Por último, qué decir del artículista de El Nuevo Herald, conocido autor de una de las más grandes Fake News del pasado siglo. El ahora crítico de las noticias falsas publicó, en 1993, cuando parecía que Cuba se desplomaría por el efecto dominó provocado por el durrumbe del campo socialista, el libro "La hora Final de Fidel Castro". 
Hora, que está demás decir, no acaba de llegar. Para su pesar y descrédito, Fidel perdura en la continuidad de la revolución y en la humana obra de las brigadas de médicos cubanos que hoy salvan miles de vidas en el mundo.

martes, 14 de abril de 2020

EE.UU., ¿más «preocupado» por los médicos cubanos que por sus muertos?


Por M. H. Lagarde

A algunos funcionarios y legisladores de Estados Unidos, por lo visto, no les interesa que, convertido en el epicentro de la pandemia del coronavirus, ese país haya rebasado la barrera de los 2 000 muertos en un día —el total de fallecidos ya alcanza la escandalosa cifra de 18 637—, ni que el saldo de contagiados se haya elevado a más de medio millón*.

Lo que sí parece interesarles, y mucho, son "las condiciones de trabajo de los médicos cubanos que trabajan en terceros países para combatir el coronavirus". 

Así lo hizo saber el pasado viernes Michael G. Kozak, un alto funcionario del Departamento de Estado, en un comunicado firmado también por los congresistas de la Florida, Mario Díaz-Balart, Francis Rooney y Debbie Mucarsel-Powell, en el que acusan a La Habana de “explotar la pandemia del coronavirus para su beneficio político”, refiriéndose a los médicos “internacionalistas”.

Según Kozak escribió en Twitter, “Cuba continúa violando convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que protegen derechos de trabajadores a organizarse, reunirse y negociar colectivamente. Cuba y países que aceptan sus médicos y enfermeras deben cumplir con sus compromisos con la OIT.

“Instamos a los países que acojan médicos cubanos a proteger sus derechos. Exija a Cuba que deje de confiscar el pago y los pasaportes. Requerir prueba de credenciales médicas. Hacer públicos los acuerdos bilaterales. Las crisis no justifican el tráfico de profesionales médicos, que necesitan protección ahora más que nunca”, agregó el alto funcionario. 

Las declaraciones de este personaje prueban la prioridad que el gobierno le da a la politiquería por encima de la vida humana o el respeto a los derechos de los ciudadanos de su nación y el mundo.

La campaña de mentiras contra los médicos cubanos nada tiene que ver con el bienestar de los galenos de la Isla, y sí mucho con el rejuego electoral de ese país. 

En artículo publicado en El Nuevo Herald el pasado 1 de marzo, la excongresista Ileana Ros-Lehtinen, en un ataque de sinceridad, apuntaba: "Pronto, el Departamento de Estado producirá su reporte anual sobre el tráfico humano, y muchos activistas de derechos humanos de nuestra comunidad del sur de la Florida han trabajado arduamente cabildeando a nuestro gobierno federal para que merecidamente clasifique las misiones de médicos cubanos como tráfico humano".

Para nadie es un secreto quiénes son los "activistas de derechos humanos de nuestra comunidad del sur de la Florida": los miembros de la mafia anticubana de la que ella, y los congresistas citados arriba, son prominentes miembros. 

El cabildeo al que hace referencia tampoco es un misterio. Se trata de otro Quid pro quo, al estilo del practicado con Ucrania, entre la mafia terrorista de Miami y la actual administración. Cegados por el odio de un fracaso, que acumula ya 60 años, están convencidos de que a cambio de que Trump les deje vía libre para acrecentar el bloqueo contra la Isla, ellos podrían servirle en bandeja su victoria electoral en la Florida en 2020.

En su obstinada estupidez política, ni siquiera se dan cuenta de que la comunidad cubana, a la que dicen representar, no se prestará para utilizar como rehenes, en su beneficio político y económico, a sus familiares en la Isla.

Por otro lado, les duele profundamente que su campaña de mentiras contra los médicos cubanos, que es la misma a favor del bloqueo, no haya demostrado tener ningún éxito a nivel internacional.

Bastó que estallara la pandemia para que más de 15 países del mundo solicitaran la solidaridad cubana y cerca de 70 adquirieran los medicamentos cubanos.

No es para menos. Mientras Cuba salva vidas, el gobierno de Estados Unidos, como en los mejores tiempos de los corsarios y piratas, se dedica a robarle mascarillas y otros necesarios implementos médicos incluso hasta a sus propios aliados, bloquea el envío de ayuda médica a Venezuela, Cuba e Irán, y amenaza, para justificar el fracaso de su impotencia en salvar la vida de miles de norteamericanos, con retirarle los 500 millones de dólares que le paga a la Organización Mundial de la Salud.

Los aplausos a los profesionales de la salud cubana en el mundo demuestran que la votación casi unánime que tiene lugar todos los años en la ONU en contra del bloqueo de Washington a Cuba, no es una ceremonia de rutina, es una denuncia contundente al mayor genocidio de la historia.

Esperemos que el gobierno de Trump, a pesar de su politiquería barata, logre contener el número de muertes de sus ciudadanos. 

No hay que olvidar que la brigada Henry Reeve, esa misma que ahora salva vidas en muchos países, fue creada por Fidel en el 2005 para ayudar a las víctimas en Estados Unidos del huracán Katrina.

Nota:

*Cifras del viernes en Estados Unidos. En el momento de la publicación de este comentario, ya la cantidad de muertos en Estados Unidos había alcanzado los 20 000.


martes, 31 de marzo de 2020

Los mercenarios de las redes, ETECSA y la pandemia genocida



Por M. H. Lagarde

Como escribió en una columna del periodico Granma el amigo y escritor Antonio Rodríguez Salvador, "Los falsos profetas del coronavirus" son expertos en "ponerse ropaje samaritano, venderse como los más preocupados por el pueblo y hacer campañas para que esas medidas sean aplicadas de inmediato, cuando aún no es posible hacerlo". 


Después de intentar presionar al Gobierno para que llevara a cabo un confinamiento anticipado que paralizaría el país en medio de la hecatombe del coronavirus, los mercenarios de las redes ya han anunciado su próxima "humanitaria" campaña en Twitter: pedirle a la empresa de comunicaciones cubana, ETECSA,  que baje los precios de internet para que los cubanos, en esta terrible circunstancia, puedan comunicarse con sus familiares y amigos en el exterior.

La campañita, por cierto, no tiene nada de novedosa. En junio del año pasado ocurrieron varios tuitazos con la misma intención, aunque entonces los cubanos no "iban a morir en masa", víctimas de una epidemia mundial, y por tanto, no tenían por qué despedirse de nadie. 

La maniobra entonces estuvo encabezada por los mismos hipócritas samaritanos de hoy. En un artículo publicado en este mismo portal apuntamos entonces: "Como ha sucedido en otras ocasiones, el tuitazo para reclamar el descenso de precios de ETECSA fue convocado por mercenarios al estilo de Yoani Sánchez en quienes el Gobierno de Estados Unidos, desde los tiempos del Plan Bush hasta hoy, ha gastado millones de dólares para convertirlos en supuestos líderes de opinión a su servicio en las redes sociales".

El fin de entonces, como el de ahora, es el mismo: manipular descaradamente una de las principales demandas de la población que el Gobierno, por razones económicas, no puede sastisfacer en su totalidad, en primer lugar, por el férreo bloqueo que nos imponen los mismos que sufragan sus "humanitarias" acciones.

En más de una ocasión, los funcionarios del Ministerio de Comunicaciones le han explicado a la opinión pública que el aumento de la conexión a internet en la Isla depende de costosas inversiones y que los precios de la misma funcionan como un regulador de la saturación comunicativa. 

No es secreto para nadie que, en medio de la pandemia del coronavirus, hasta grandes empresas de la web como Facebook y Youtube han tenido que bajar la calidad de sus videos para poder continuar ofreciendo sus servicios en la confinada Europa.

Si se rebajaran los precios en Cuba ahora, o se pusiera el acceso a internet libre, simplemente sería imposible comunicarse, ocasión que los "buenos" mercenarios utilizarían —¿alguien lo duda?— para una nueva campañita de protesta porque el Gobierno dejó incomunicado al pueblo, nada menos que en medio del holocausto del coronavirus.

La petición de rebajar los precios coincide, curiosamente, con los llamados a "suspender los viajes a Cuba", "parones", y de "no enviar recargas", que desde hace meses pregonan en Miami los nuevos payasos del terrorismo mediático disfrazados de influencers.

La hipocresía de estos oportunistas de las redes es más que evidente. Llama, sin dudas, la atención que, en sus ruegos por salvar vidas a través del confinamiento, estos "patriotas" solo se acordaran de los cubanos en la Isla y no de los cubanos residentes en la Florida, donde la cifra de muertos alcanzaba ayer el número de 18.

Una muestra de patriotismo verdadero y de credibilidad la darán el día que se les ocurra realizar un tuitazo contra la pandemia genocida que desde hace 60 años azota a sus tan "amados" coterráneos.