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miércoles, 21 de diciembre de 2011

En Cuba existe un gran debate público, aún cuando no se refleje en los medios de comunicación (La Tarde se Mueve entrevista a Rafael Hernández)

Eso no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido, y con lo que era el status quo existente en los países del norte de África, en los países árabes; eso no tiene nada que ver, ni con lo que ha ocurrido en Egipto, en Marruecos, en Libia… No tiene nada que ver porque ni la cultura, ni el régimen político, ni el proceso histórico que condujo a eso tienen nada que ver. Se habla, algunos analistas hacen comparaciones traídas por los pelos, que le adjudican a los celulares, a Facebook y a Twitter la posibilidad de la subversión, ser el instrumento de la subversión; eso es absolutamente ridículo, eso es como creer que hubo revoluciones políticas producidas por el teléfono y el telégrafo; eso es conferirles a los aparatos, a la tecnología, un poder de fuerza de expresión, de motivo y de causa en el desencadenamiento de un proceso de transformación social y política. Esos procesos tuvieron lugar en los países árabes, donde unos regímenes muy autoritarios y que cada vez menos reflejan los intereses de la población se desmoronan. En Cuba, en estos veinte años, de dificultades económicas, serias, de malestar e incluso de crisis de valores, en todos estos años no ha habido realmente signos significativos de inestabilidad política. Y no porque la política cubana sea más efectiva que ninguna otra; de hecho la política cubana no utiliza la violencia, los medios de represión que son tan comunes en casi todas partes, incluyendo los Estados Unidos, para reprimir las manifestaciones; y lo otro sería pensar que el pueblo cubano, en una situación de decisión de que eso fuera el mejor camino, no tendría el valor de hacerlo porque le tiene miedo a la policía. Eso es ridículo; de hecho, lo que ocurre es que el consenso político que se rearticula en este contexto de los años 90 y de los años 2000, es un consenso político que demanda un sistema más descentralizado, un sistema que involucre un espacio mayor para el sector no estatal; una reducción del aparato burocrático y una serie de medidas que devuelvan a la población el estándar de vida que logró tener en los años 80 y que fue fruto del socialismo. Un modelo socialista que en el tiempo dejó de tener capacidad para seguir manteniendo ese alto nivel; no solamente, repito, por la caída de la Unión Soviética. Lo que ocurre, por consiguiente, ahora, es que ese cambio de consenso también es un consenso donde hay una coincidencia en torno a no producir situaciones de perturbación del orden, de violencia pública, de alteración, de uso de medios de fuerza para resolver este problema. Muy pocas personas en Cuba realmente piensan, incluso personas que están en la oposición al gobierno, realmente piensan que la mejor manera de resolver esto, esta situación en la que nosotros hemos estado es la de recurrir a la violencia, la de recurrir a la insurgencia, la de recurrir a la perturbación del orden, y eso es muy evidente para cualquiera que visite Cuba, y es más evidente obviamente para el que vive dentro de Cuba.

Prof. RAFAEL HERNÁNDEZ: En Cuba existe un gran debate público, aún cuando no se refleje en los medios de comunicación

PROGRAMA: “La Tarde se Mueve”. 14.50 AM. Miami (FL. EEUU)
FECHA: Martes 20 de diciembre, 2011 (5:00-6:00 pm)
PERIODISTA: Edmundo García
ENTREVISTADO: Prof. Rafael Hernández

RESUMEN BIOGRÁFICO: Rafael Hernández es científico social. Director de la revista TEMAS, una publicación cubana trimestral dedicada a la teoría y el análisis de los problemas de la cultura, la ideología y la sociedad. Hernández ha sido Profesor Adjunto en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia; recientemente ha cumplido compromisos académicos como Profesor Visitante de la Universidad de Harvard. Ha publicado varios libros y ensayos en los temas de emigración, seguridad internacional y cultura cubana. Es un profundo conocedor de las relaciones Cuba-EEUU en el plano académico.

-EDMUNGO GARCÍA: Amigos muy buenas tardes, bienvenidos a “La Tarde se Mueve”. Tal como anuncié ayer, en la tarde de hoy contaré con la presencia de un científico social: el Dr. Rafael Hernández, que hoy nos acompaña después de estar concluyendo un ciclo de trabajo, en esta ocasión para la Universidad de Harvard. Dr. Rafael Hernández, yo lo entrevisté hace cuatro años y cuatro meses en Montreal, a raíz de un Congreso de LASA (Latin American Studies Association), por eso me gustaría comenzar por donde dejamos aquella conversación. Yo la recuerdo porque la releí, no sé si Usted la recuerda. Buenas y tardes y muchas gracias a Rafael Hernández por estar nuevamente en “La Tarde se Mueve”.
-RAFAEL HERNÁNDEZ: Buenas tardes y muchas gracias a ti Edmundo; y gracias a los radioescuchas por estar atentos a esta conversación.

-EG: Vamos a retomarlo donde lo dejamos, lo que le digo en concreto es que hace cuatro años y cuatro meses hablábamos de “reajuste”, hoy se habla de proceso de “actualización” del modelo socialista cubano. Las relaciones de Cuba con América Latina fueron también un tema en aquella entrevista, hoy eso se transforma en la creación de la CELAC (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe) y hablamos en aquella época también del estilo de dirección del hoy Presidente Raúl Castro; en aquel momento todavía no era Presidente como lo es hoy. Y de las relaciones raciales en Cuba; tema que será parte de la Conferencia del Partido en el próximo enero del 2012. No quiero que me vaya a las particularidades, ya iremos a ellas; hábleme en general, le he hecho un disparo de varias cosas y quiero que de modo general usted me diga cómo ve esos diferentes hechos en el día de hoy.
-RH: Bueno, es evidente cuatro años después que la tendencia se manifiesta ya en las relaciones exteriores de Cuba, en general, y en particular con la región de América Latina y el Caribe, se ha consolidado y se ha profundizado. Hoy Cuba tiene relaciones con absolutamente todos los países de América Latina y el Caribe, incluyendo El Salvador y Costa Rica que fueron los últimos; tiene relaciones naturalmente… nunca se han interrumpido, con Canadá. Las únicas relaciones en el hemisferio que siguen rotas son con los EEUU. Entonces, esas relaciones hoy están hechas de un ingrediente fundamental que no es necesariamente una identidad ideológica, porque América Latina es una multiplicidad, es una pluralidad de contenidos políticos, de procesos políticos, está hecha de una voluntad de cooperación, de una voluntad de integración, de un interés común compartido y Cuba forma parte de ese espectro Latinoamericano contemporáneo. Si nosotros miráramos atrás, no a los cuatro años cuando la entrevista que tú gentilmente me hiciste en Canadá, si no a hace cincuenta años, cuarenta y cinco años, a hace cuarenta años, en que Cuba estaba completamente aislada en el hemisferio, en que Cuba era vista por muchos gobiernos de América Latina como una amenaza, hoy la situación es radicalmente diferente, en el país donde hubo guerrilleros cubanos combatiendo, en Venezuela y en Bolivia hoy existen gobiernos con los cuales Cuba tiene las relaciones más estrechas que han existido nunca; de hecho existen otros procesos que no tienen ese contenido tan radical con los cuales Cuba tiene también puntos de comunicación y colaboración mucho más profundos que los que han existido nunca, como es el caso de Brasil, como es el caso de las relaciones con países como Argentina y por supuesto Ecuador. Pero en general estamos viviendo un contexto Latinoamericano que está mucho más cerca de Cuba; y no es solo que la política cubana se ha movido, sino que la política de América Latina y el Caribe se ha movido en relación con Cuba. Latinoamérica y el Caribe están más cerca de Cuba hoy, incluso en otros procesos que no son tan cercanos al cubano, que no comparten tantos problemas como los que tienen en común la agenda de Cuba y la agenda de la mayoría de los países del Caribe; incluso los más alejados tienen muchas cosas en común, están más cerca de Cuba que nunca antes. Sobre los otros temas que tú mencionabas, creo que el problema de las relaciones interraciales en Cuba ha avanzado en la medida en que se ha convertido cada vez más en un tema de debate público, ya hoy se habla no en círculos restringidos, incluso en marcos institucionales exclusivamente, sino se trata el tema de una manera muy amplia y como tú dices este debate tiene que ver también con una política del Partido dirigida complementar, a suplir a facilitar, a hacer que se tome conciencia mayor, públicamente, en los libros de historia, en la televisión, en los medios de comunicación acerca del gran saldo de contribución de los afrodescendiente en Cuba a la construcción de la nación y de la cultura cubana. Yo creo que se ha avanzado mucho en esa dirección, yo creo que lo que se ha logrado ha sido no el resultado de una decisión política, yo creo que viene de abajo, yo creo que la sociedad civil cubana se ha manifestado a través de los medios culturales, a través de los medios intelectuales; ha crecido el espacio ganado al debate público. El próximo número de la revista “Temas” estará dedicado a la comunicación y esfera pública en Cuba; ya podemos hablar de una esfera pública expandida en sentido de un espacio de convergencia de diversos cursos, de posiciones, de criterios, y de hecho yo diría que la política cubana, la política del gobierno y el partido, están hoy más cerca que nunca de ese debate.

-EG: Prof. Rafael Hernández, en noviembre pasado, este año, en noviembre, usted hizo una presentación en Diálogo Interamericano junto a otros especialistas sobre el tema cubano como Julia Sweig, Directora del Latin American Studies del Council for Foreing Policy; en ese encuentro definieron el actual proceso político cubano como “update” del socialismo; es decir, “actualización” del socialismo y dejaron claro que Cuba no iba por el llamado camino de las primaveras árabes… Quiero que le explique Ud. a los oyentes y a los lectores de esta entrevista, que será transcrita también, en sus propias tesis, por qué Cuba no fue ayer por el camino de la URSS y de los países de la Europa del Este, cuando renunciaron y se desintegró la URSS, y por qué no es hoy como Egipto, como Libia o como Túnez que, por cierto, acaba de cumplir el pasado fin de semana el primer aniversario de su “primavera democrática”. ¿Por qué Cuba no, y cómo va el “update” del socialismo?
-RH: Bueno yo creo que el proceso de cambio que tuvo lugar en los países de Europa y en la Unión Soviética tuvo una naturaleza diferente al que tuvo lugar en Cuba en los últimos veinte años y que hoy se encarrila a través de políticas y a través de una legislación que está contribuyendo a proyectar un nuevo modelo socialista. En el caso de la Unión Soviética, la Perestroika, la Glanost, empezaron por ser políticas de reforma pero muy claramente se advirtieron corrientes profundamente antisocialistas, y también la expresión de males profundos instalados desde la época del stalinismo. La Unión Soviética, a pesar del periodo de renovación de Kruschov en los años 50 y 60, a pesar de los intentos de modernización del modelo económico, de los éxitos indudables que tuvo la Unión Soviética en la conquista del cosmos, de su enorme poderío militar, la Unión Soviética nunca pudo rebasar como sistema político los males que arrastraba de la época de Stalin. Esas huellas quedaron ahí, el Partido y el liderazgo soviético fueron perdiendo cada vez más contacto con sus bases, muchos ciudadanos soviéticos auténticamente socialistas, sin embargo no sentían que tenían sus ideas y sus sentimientos reflejados en las políticas, y en la compleja situación de los países de la Europa del Este pues obviamente el socialismo nunca echó raíces profundas, nunca tuvo raíces profundas; y eso fue sobre todo resultado de una situación de facto en la que el Ejército Rojo ocupó estas ciudades después de la Segunda Guerra Mundial y el Pacto de Yalta, etc. Lo que se conoce al respecto. En el caso de Cuba, como todo el mundo sabe, los orígenes del proceso socialista cubano están en la propia situación histórica cubana de fines de la década de los años 50, es el resultado acumulado de una lucha por la libertad y por la independencia que viene desde el Siglo XIX. No se puede entender la revolución socialista sin entender que es la desembocadura de un proceso histórico anterior. Y digo la desembocadura no porque sea el punto de llegada; porque nunca es “la” llegada final, siempre hay un puente hacia delante; y eso es lo que está pasando ahora. Lo que está pasando ahora es que en los últimos veinte años, no solo como resultado del fin del bloque socialista, no solo como resultado de la desconexión de Cuba del sistema internacional a través del conducto que la ligaba a la Unión Soviética y a los países de Europa del Este, si no como resultado de las insuficiencias del propio modelo socialista que se agotó a partir de haber sido adoptado en el año 1976, se agotó, tenía ya síntomas de agotamiento a mediados de los años 80, y en los años 90 entró “junto con”, “catalizado por” la caída del campo socialista, entró en un claro proceso de crisis; eso que llamamos en Cuba el “período especial”. El “período especial” no es solamente una crisis económica, es una crisis de la manera de pensar el socialismo, es una crisis de valores, es una crisis moral, es una crisis que involucra a la sociedad; de manera que esta transformación no empezó hace seis años cuando Raúl Castro tomó posesión; ni hace unos meses cuando el Congreso del Partido adoptó las medidas económicas y sociales, aprobadas en el Congreso. Empezó mucho antes la transformación de la sociedad cubana, la manifestación de problemas que estaban ahí, de espacios en donde la opinión pública se desplegó, un espacio mayor de debate junto con una crisis, junto con la caída del nivel de vida, se produjo al mismo tiempo una expansión de los espacios de libertad de expresión dentro de Cuba; eso es un hecho patente, cualquiera que haya visitado Cuba hace veinticinco años, y la visita veinte años después, o ahora, se podrá encontrar que este debate público se ha expandido mucho aún cuando no se refleje en los medios de comunicación. Eso no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido, y con lo que era el status quo existente en los países del norte de África, en los países árabes; eso no tiene nada que ver, ni con lo que ha ocurrido en Egipto, en Marruecos, en Libia… No tiene nada que ver porque ni la cultura, ni el régimen político, ni el proceso histórico que condujo a eso tienen nada que ver. Se habla, algunos analistas hacen comparaciones traídas por los pelos, que le adjudican a los celulares, a Facebook y a Twitter la posibilidad de la subversión, ser el instrumento de la subversión; eso es absolutamente ridículo, eso es como creer que hubo revoluciones políticas producidas por el teléfono y el telégrafo; eso es conferirles a los aparatos, a la tecnología, un poder de fuerza de expresión, de motivo y de causa en el desencadenamiento de un proceso de transformación social y política. Esos procesos tuvieron lugar en los países árabes, donde unos regímenes muy autoritarios y que cada vez menos reflejan los intereses de la población se desmoronan. En Cuba, en estos veinte años, de dificultades económicas, serias, de malestar e incluso de crisis de valores, en todos estos años no ha habido realmente signos significativos de inestabilidad política. Y no porque la política cubana sea más efectiva que ninguna otra; de hecho la política cubana no utiliza la violencia, los medios de represión que son tan comunes en casi todas partes, incluyendo los Estados Unidos, para reprimir las manifestaciones; y lo otro sería pensar que el pueblo cubano, en una situación de decisión de que eso fuera el mejor camino, no tendría el valor de hacerlo porque le tiene miedo a la policía. Eso es ridículo; de hecho, lo que ocurre es que el consenso político que se rearticula en este contexto de los años 90 y de los años 2000, es un consenso político que demanda un sistema más descentralizado, un sistema que involucre un espacio mayor para el sector no estatal; una reducción del aparato burocrático y una serie de medidas que devuelvan a la población el estándar de vida que logró tener en los años 80 y que fue fruto del socialismo. Un modelo socialista que en el tiempo dejó de tener capacidad para seguir manteniendo ese alto nivel; no solamente, repito, por la caída de la Unión Soviética. Lo que ocurre, por consiguiente, ahora, es que ese cambio de consenso también es un consenso donde hay una coincidencia en torno a no producir situaciones de perturbación del orden, de violencia pública, de alteración, de uso de medios de fuerza para resolver este problema. Muy pocas personas en Cuba realmente piensan, incluso personas que están en la oposición al gobierno, realmente piensan que la mejor manera de resolver esto, esta situación en la que nosotros hemos estado es la de recurrir a la violencia, la de recurrir a la insurgencia, la de recurrir a la perturbación del orden, y eso es muy evidente para cualquiera que visite Cuba, y es más evidente obviamente para el que vive dentro de Cuba. Las soluciones tienen que ser soluciones graduales, que no se demoren, en donde no se pare de avanzar, donde no se pare de transformar, de crear un espacio en donde los ciudadanos puedan tener un trabajo digno, ganar lo suficiente para obtener los productos en el mercado, y por supuesto tener un espacio, tener un discurso crítico. El gobierno cubano ha llamado a la discrepancia, ha llamado a la expresión de criterios, ha llamado a la discusión crítica de las políticas. Hay muy pocos gobiernos, yo no conozco a ninguno, que antes de lanzar una política de ajuste, antes de lanzar una política de transformación del modelo económico, someta ese documento a la discusión de millones de sus ciudadanos, y eso ha ocurrido; o sea, el debate público en Cuba constituye una forma de apropiación por parte de la ciudadanía de los cambios políticos, porque la expresión de los criterios de las personas, de los simples ciudadanos, ha sido un paso fundamental, tan fundamental como las medidas que se han aprobado, como las medidas que faltan por aprobar, como las políticas que se han adoptado y las que no se han adoptado y se deben adoptar, tan importante como eso, son los debates que ha habido en torno a esas políticas; y yo creo que ese es un debate fundamentalmente democrático, y por consiguiente el espacio para que surja la primavera árabe, o el derrumbe, el caos, la implosión del socialismo está fuera del horizonte actual.

-EG: Siguiendo con el proceso de reformas en Cuba, quisiera pedirle que nos aclare sobre una especie de prólogo que hace la mayoría de los especialistas cuando van a referirse a los cambios en la isla; casi todo el mundo señala que las reformas tiene enemigos, que hay personas revolucionarias que están en contra de las reformas en Cuba; ahora bien, ¿se puede identificar alguno de estos adversarios más allá del término general de “la burocracia”?; siempre se dice “la burocracia”, pero, ¿existe algún documento, existe algún libro o algún discurso de alguien, hablo de nombres, que permita decir “miren, aquí está, este es un documento de la contrarreforma en Cuba, esto es lo que están diciendo algunos dirigentes que se oponen a la reforma”, existe eso, usted conoce algo así?
-RH: Bueno, yo creo que no. Yo creo que las expresiones de resistencia al cambio son expresiones que yo, por andar rápido, llamaría oposiciones que no son negativas, que son constructivas; y otras que son francamente negativas. Yo entre las constructivas indicaría aquellos grupos que obviamente no van a recibir un beneficio instantáneo y directo porque no participan de los espacios y de las nuevas oportunidades que se abren con el trabajo por cuenta propia, y con la ampliación del sector no estatal; entre otros las personas que tienen una edad que ya no les permite poder incorporarse a la fuerza laboral o iniciar un nuevo proyecto de vida, aquellas personas que están definidas como bajo el nivel de pobreza, lo cual ha crecido en el período de la crisis, algunos sociólogos estiman esto en alrededor de un 20% de la población, estas personas no necesariamente disponen de los recursos para poder aprovechar los cambios que están teniendo lugar, con lo cual, existe la necesidad de una política social que aproveche el crecimiento de la economía para dirigirse a apoyar esta posición desventajosa de estas personas que se enfrentan a la reformas, a los cambios, con una determinada incertidumbre, con una considerable incertidumbre, porque no representan para ellos una clara oportunidad de recuperación de su estándar de vida; esas personas no necesariamente se colocan frente a la reforma con expectativa, con las ganas y con el entusiasmo de otras, que sí tienen estas condiciones. Hay también una resistencia negativa que ha sido identificada por la dirección del gobierno explícitamente que es la burocracia. La burocracia no se opone a través de discursos, la burocracia no se opone tampoco a través de un documento; se opone en la lentitud con la que se implementan las medidas ya adoptadas, ya aprobadas; en lo que Raúl Castro describe como una vieja mentalidad de los cambios, como rémora, como la ineptitud de un estilo de trabajo anticuado, y que se manifiesta, por ejemplo, en unos medios de comunicación que son un insulto al nivel educacional incluso de los militantes del Partido. Esta crítica a esta inercia con la cual el aparato burocrático se demora en adoptar unas nuevas reglas, en adoptar unos nuevos patrones, en operar de acuerdo con los nuevos criterios y los nuevos enfoques, es posiblemente lo más difícil de cambiar, de transformar, y desde mi punto de vista hará que la Conferencia del Partido tenga este como uno de sus puntos centrales. De manera que a tu pregunta de si hay un, como le llaman aquí en Estados Unidos, un “revólver que echa humo”, un “smoking gun”, un lugar donde uno vaya y lea que fulano de tal, con nombre y apellido, que vive en tal lugar, se opone ferozmente a los cambios, yo creo que ese no es el principal… aunque sí, puede haber personas que se manifiesten públicamente en contra de los cambios, y de hecho, en algunas publicaciones uno lo puede ver, y en Internet, como algunas personas recelan de si estos cambios, por ejemplo, no van a dar lugar a la emergencia de una pequeña burguesía, y de cierta forma de expresiones de capitalismo. Esa vieja mentalidad, que observa en cada tramo del mercado, y en cada segmento de la pequeña propiedad privada la emergencia del capitalismo, es muy lógico que exista porque ha habido durante mucho tiempo una manera de enfrentar los cambios que estigmatiza esta emergencia de nuevos actores y de nuevos espacios para el mercado y que toma como definición absoluta de socialismo el socialismo estado céntrico, que ha imperado en Cuba durante todos estos años. O sea que es lógico que existan esas expresiones de mentalidad que digan, bueno, estos son males necesarios; pero está claro, y este es uno de los aspectos más importantes del momento actual, que en el último año la posición del gobierno cubano ha sido no solo la de legalizar sino la de legitimar la presencia de estos nuevos sectores en la economía en la sociedad cubana como parte de la familia socialista; estos, los trabajadores por cuenta propia, los cooperativistas, la gente que funciona en el terreno de la pequeña empresa, no son emisarios del capitalismo, son parte de la familia socialista, son parte de la familia revolucionaria, y así ha sido reiterado por la máxima dirección del gobierno.

-EG: Vamos al tema del Congreso y de la Conferencia del Partido; casi se ha consolidado como otro lugar común, y quisiera saber su opinión. Hay analistas, los llamados cubanólogos u observadores de la realidad cubana, que aceptan como un hecho que los Lineamientos al pasado Congreso del Partido, son el documento rector de las transformaciones, de la actualización del socialismo, y que están en él las propuestas suficientes como para actualizar el modelo de socialismo. Sin embargo, esos mismos tienen una posición de alguna manera más crítica con el documento de la Conferencia Nacional del Partido; algunos dicen que las propuestas no son semejantes. Mis preguntas específicas serían, ¿percibe usted distancia entre ambos documentos, entre el del Congreso y el de la Conferencia del Partido?, y unido, le voy a tirar tres en una, ¿cree usted que el Partido avance en su propio proceso de democratización?, y finalmente, ¿qué espera usted de la Conferencia del Partido que se celebrará en enero? Ahí tiene, tres en una.
-RH: Yo creo que los contenidos de los Lineamientos económicos y sociales, tal y como fueron adoptados en el Congresos, tienen naturalmente carencias, tienen espacios vacíos, y esos espacios vacíos fueron suscitados durante los debates que varios millones de personas sostuvieron sobre los Lineamientos durante varias semanas. Yo creo que no se puede entender la proyección de los Lineamientos si no va acompañada del Discurso Inaugural al VI Congreso del Partido por parte de Raúl Castro, quien dice claramente que sin que haya una transformación del estilo de trabajo político, sin que haya un cambio en la manera de concebir el papel del Partido, sin que haya un cambio también en la democracia dentro del Partido, en la participación, en el estilo de trabajo del Partido en sus relaciones con la población, sin que haya ese cambio, las reformas no van a tener éxito. Y yo creo que eso, obviamente, está llamando la atención sobre el hecho de que los ejes que atraviesan estos Lineamientos económicos y sociales, son ejes políticos; la mayor parte de los analistas adoptan el criterio de que se trata de una serie de medidas estrictamente económicas, como si en un país como Cuba, con el tipo de sistema político y social que tiene, pudieran hacerse cambios económicos de fondo, que modifiquen estructuralmente el orden existente en el terreno de la economía sin cambiar lo demás. Si uno lee detenidamente los Lineamientos económicos y sociales, se va a encontrar que el tema de la descentralización, el tema de la desestatización, el de la desburocratización, y el del imperio de la ley, el del uso de la legalidad como un instrumento de los cambios, como un marco dentro del cual los cambios no solamente se adoptan sino que consolidan y se hacen permanentes, que es un dato muy importante, un aspecto muy importante, esos cambios, son cambios políticos; son cambios políticos obviamente, son cambios que tienen que ver con la redistribución del poder; con quitarle poder a las estructuras centrales y entregarles más poder a las estructuras de base, a las estructuras locales y eso tiene que ver con la democratización del sistema. Posiblemente muchos de los que critican el documento de la Conferencia del Partido esperaban encontrar este tema de la democratización o este tema de las ausencias, de las omisiones en los Lineamientos, por ejemplo, el papel de los sindicatos, el papel de los trabajadores en los centros de trabajo, en las decisiones que se toman en los centros de trabajo, etc., como el eje central del documento, yo pienso, si tomamos en cuenta lo que ocurrió, que la Conferencia del Partido puede retomar y abundar sobre todos estos problemas que están ahí, que están en el mismo centro de la problemática política cubana; y lo digo porque una de las cosas, que fue realmente admirable en el Congreso del Partido es que en el Congreso hubo un congreso, hubo una discusión; nosotros vimos por la televisión, los cubanos y no cubanos pudimos ver por la televisión un debate real en torno al borrador que se debatió por parte de la población. El Congreso tuvo un contenido, no fue simplemente un ejercicio ritual para ponerle un cuño a una política ya decidida, sino que en el Congreso se tomaron decisiones, se adoptaron cambios que no estaban ahí. Es de esperar que la Conferencia del Partido se haga cambio de lo mismo; se haga cargo de lo que significan las expectativas de la población y se haga cambio por supuesto de esto que yo decía hace un rato es lo más difícil, es quizás el desafío más grande, que es cambiar el estilo político. El estilo político, que no quiero decir estilo en el sentido de la forma de hacer las cosas, se trata de toda una concepción en relación con lo que es la política, con lo que es la participación de los ciudadanos y con lo que es la relación con eso que el Che Guevara llamaba la vanguardia y la masa; que ya hoy es más la relación entre los dirigentes y los dirigidos, es más la relación entre las instituciones políticas representativas de la población, de los intereses y deseos de la población, y las respuestas que las instituciones políticas le dan a esos intereses y deseos de la población; la capacidad para dialogar, la capacidad para gobernar respondiendo a la gente, no como un paquete de políticas que se tienen que aplicar no importa lo que las personas piensen. Se adoptó una medida, que es la medida de la nacionalización, del empleo, hay más de un millón de empleos sobrantes, es un análisis económico; sin embargo, la demora en la aplicación de estas medidas, obviamente ha sido el resultado de darse cuenta de que la población estaba angustiada, que había una angustia en la gente en relación con el tema del desempleo; una angustia natural, una preocupación natural. Yo creo que el mismo gobierno al demorar la aplicación de estas medidas ha demostrado un alto grado de sensibilidad política. Yo creo que una cosa que distingue a la dirigencia cubana, es esa sensibilidad política respecto a lo que la población siente y piensa; es difícil creer, aunque hay quien lo cree, que la máxima dirección cubana no está al tanto de lo que la gente en la calle siente y piensa, y en un momento como este, en donde los cubanos se expresan en diferentes espacios, en donde hacen sentir sus ideas, hacen sentir sus intereses y sus puntos de vista, que no son homogéneos obviamente, estamos hablando de debate, siempre que hablamos de un espacio de intereses y de ideas estamos hablando de diferencias, estamos hablando de no coincidencias, pero escucharlas y reflexionar sobre ellas, y asumir responsablemente esos intereses y esos deseos de la población, yo creo que está en el centro de la preocupación del gobierno cubano actual. Y pienso que lo que se adopte, igual que los lineamientos económicos y sociales adoptados por el Congreso, lo que se adopte no es una varita mágica, lo que se adopte no va a ser una camisa de fuerza, un plan que se va a aplicar como si fuera un librito, una biblia, sino que va a ser un instrumento de trabajo que se va a ir transformando en la medida en que a lo largo de los próximos meses se implementen, sin prisa, sin precipitación, pero sin pausa.

-EG: Le pido su capacidad de síntesis pues nos quedan varios temas. Número uno, qué impresión le da que la Enmienda del Congresista cubanoamericano Mario Diaz-Balart no haya podido ir como un arete en el presupuesto para el funcionamiento del gobierno de los Estados Unidos; aquí tuvimos que dar una gran batalla en los medios alternativos para que se tomara conciencia sobre eso… ¿qué opinión general le merece todo esto que ha sucedido este fin de semana en Washington y Miami?
-RH: Mire, yo pienso que los cambios oficiales, los cambios reales en la política de Estados Unidos hacia Cuba, realmente se reducen a lo que el Presidente Obama prometió en su campaña respecto a facilitar el encuentro, facilitar la ayuda de los cubanos que viven aquí con los cubanos que viven en la isla; y realmente eso se adoptó en un momento determinado y… retraerse, retroceder frente a un grupo de presión como este y fallarle a las promesas hechas, y a las aspiraciones, y a los intereses legítimos de los cubanos que viven en Estados Unidos en relación con sus familiares, hubiera sido una prueba no solamente de inconsecuencia en relación con esta base electoral de la Florida sino una prueba de debilidad política, no solo en relación con Cuba. Y yo creo que la administración respondió mostrando que tiene una capacidad y una determinación como ejecutivo de enfrentar estos desafíos que no tienen ninguna base legítima; porque en realidad, pedir desde la perspectiva de una supuesta representación de los intereses de la comunidad cubana en los EEUU, pedir desde la perspectiva de ellos al gobierno que bloquee la posibilidad de que ayuden a sus familiares, la posibilidad de que visiten, es un sinsentido, es una contradicción flagrante en los términos, es la prueba más palpable de que este grupo de interés político no está representando los intereses y deseos de la mayoría de los cubanos en los Estados Unidos; y mucho menos responde a una motivación de democracia y de libertad en Cuba. Esa es la base de legitimización pretendida de la política de bloqueo que va a cumplir cincuenta años. Esa inconsistencia para mí hubiera sido un signo, una seña de debilidad que va más allá, repito, de la relación con Cuba en un contexto donde la administración se encamina, ya, directamente hacia la campaña del año que viene, la campaña electoral. Entonces yo pienso que la resonancia de las voces de la sociedad civil real, de la auténtica sociedad civil, de los cubanos de EEUU, de órganos como la radio alternativa, que tú representas muy bien con tu programa, y de tantos americanos que están interesados también en que los cubanos puedan continuar visitando y que ellos mismos pudieran conocer por su propia mirada, por su propia mano, por sí mismos tocar directamente a la isla, yo creo que eso, es un consenso claro, que es evidente, que se manifiesta; y esto fue una prueba de fuerza, donde la derrota de ese grupo de interés fue lo suficientemente elocuente, no solamente porque no pudieron lograrlo sino porque mostraron su naturaleza, mostraron su verdadera índole, que repito no es representativa de los cubanos aquí.

-EG: Déjeme decirle que finalmente estaban tratando de defender lo de restringir los viajes a Cuba mezclándolo con cualquier tema. Entre los temas que trataron de mezclar estuvo el tema de Alan Gross, que se encuentra preso en Cuba, algo que es bien conocido; y mi pregunta específica sería, esto lo hice como un comentario, ¿cómo ve el problema de Alan Gross y el problema de Los 5 héroes de la República de Cuba, luchadores antiterroristas, dígame si usted visualiza una salida, a corto o mediano plazo?
-RH: Bueno, yo creo que el cariz con el cual se desarrolló todo el juicio que llevó a la condena de Los 5 cubanos, cuatro de los cuales siguen presos, uno de los cuales ya ha sido liberado pero todavía no puede regresar a su país, así que de cierta forma sigue preso, contaminó, como muchos otros momentos en la historia de los Estados Unidos, contaminó el juicio, contaminó el carácter verdaderamente justiciero del proceso, del fallo del tribunal; sobre eso no tengo que extenderme porque ha sido muy comentado. De manera que estos presos son presos políticos; son presos que están ahí por haber cometido una falta política y la posibilidad de que sean soltados yo creo que responde a la justicia; después de haber extinguido quince años de prisión. Eso debería suceder sin que ocurriera nada del lado de Cuba, pero si hubiera gestos, o actos o cambios del lado de Cuba que pudieran citarse como cambios importantes en relación con el comportamiento del gobierno cubano en torno a tener personas en prisión, hace pocos meses, en un diálogo con la Iglesia Católica, el gobierno cubano como resultado de ese diálogo liberó a más de cincuenta personas que estaban presas en Cuba con cargos de conspiración con una potencia extranjera, y eso lo hizo en un gesto que no fue un quid pro quo, fue a cambio de nada, lo hizo unilateralmente y lo hizo por un acto de justicia, a partir de que entendió que era conveniente, que era justo, que era razonable que se aceptara a partir de la demanda presentada por la Iglesia Católica. Le respondió a la Iglesia Católica de Cuba; yo creo que el papel que la Iglesia Católica de Cuba ha tenido en modular en el diálogo con el gobierno el avance, el progreso… el diálogo de la Iglesia Católica con el gobierno cubano se ha profundizado y ha adquirido una calidad nueva en los últimos años; desde la visita de Juan Pablo II y en la próxima visita del Papa. Yo creo que en el contexto de la visita del Papa a Cuba, tanto el gobierno de los EEUU como el gobierno de Cuba deberían pensar, o podrían pensar, yo no soy quien para decirles lo que tienen que hacer, pero sí creo que podrían pensar en la conveniencia, en la oportunidad, de lo razonable de considerar la situación de estas personas que están presas; por estos motivos, por haber violado la ley de ambas partes, pero donde obviamente el contexto político ha sobrecargado… ambos casos, yo no creo que podría afirmarse que la politización tuvo el mismo carácter de ambos lados, pero en cualquier caso se trata de situaciones judiciales en donde el factor político tiene un peso importante, y definitivamente yo creo que los cambios y el relajamiento de tensiones, de diferencias acumuladas a lo largo de cincuenta años, es de la responsabilidad de los dos gobiernos; y yo diría que en términos generales hay una larga lista de medidas, incluidas todas estas reformas que están teniendo lugar en estos momentos, y con las cuales está empeñado el gobierno cubano y la población en Cuba, todos estos cambios forman parte de una serie de transformaciones ocurridas en Cuba durante los últimos veinte años, sin que lamentablemente del lado de los Estados Unidos haya habido una acción favorable, de ningún tipo.

-EG: Muchas gracias al Dr. Rafael Hernández; finalmente, para terminar la entrevista, estamos en Navidad, en fiestas de fin de año, ¿a Usted con qué le gusta más celebrar estas fiestas, con villancicos o con los Van Van?
-RH: Bueno, los Van Van pueden cantar villancicos también… Yo creo que a ritmo de timba.
-EG: Muchas gracias al Dr. Rafael Hernández, muchas otras preguntas se me quedaron, ya preparadas; por cuestión de tiempo no se pudieron realizar. Muchas gracias, feliz Navidad y felices fiestas. (Miami, diciembre 20, 2011)

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