viernes, 5 de febrero de 2010

El País defiende a secuestradores, El Nuevo Herald le sigue la corriente


Por Ernesto Pérez Castillo

Los diez secuestradores norteamericanos ya tienen quienes los defiendan. Pese a que fueron sorprendidos infraganti al intentar cruzar la frontera haitiano-dominicana llevándose a treinta y tres menores de edad sin documento alguno y que mintieron a las autoridades asegurando que eran huérfanos, de pronto son unos angelitos de Dios, según El Nuevo Herald y El País.
Ambos diarios, como si fueran uno solo los dos, se alinean siempre del lado de los peorcitos. Ellos defienden lo indefendible, y nunca tienen el buen tino ni el talento ni cometen el pecado mortal de actuar con sentido común y al menos por una vez reconocer lo evidente.
El País proclama a los cuatro vientos que "los padres de los falsos huérfanos de Haití exculpan a los baptistas de Idaho (y) aseguran que volverían a entregarlos al grupo". Nótese que ya no son "los secuestradores" sino "los baptistas de Idaho".
El Nuevo Herald no se queda atrás, y repite la consigna de El País: "Padres haitianos dieron sus hijos a bautistas de EEUU". La misma pauta, el mismo guión. De pronto los secuestradores son los buenos de la película.
No hay que olvidar que la jefa de los secuestradores, Laura Silsby, incluso estando ya tras las rejas de una cárcel haitiana, todavía juraba a AP que una parte de los menores le habían sido entregados por parientes lejanos y el resto venían de orfanatos destruidos.
Curioso que ahora tenga que echar mano de esos mismos padres, antes muertos, y deba sacarlos hasta de debajo de las piedras, para intentar evadir la justicia, vertiendo además sobre ellos la culpa del secuestro y, ¿quién le seguirá la rima, si hasta la reportera de la CNN, Glenda Umaña se ha referido a ellos como "supuestos misioneros"?
Pues ya se ve. eso es una tarea para El País y El Nuevo Herald, que en blanco y negro culpan a los padres por el secuestro de los niños, aunque no se han gastado ni una coma para enjuiciar a los secuestradores. Antes bien, las lenguas les babean, ansiosos como siempre por hacer el trabajo sucio.

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