miércoles, 19 de enero de 2011

Vargas Llosa, de ayer a hoy

Por Niko Schvarz

Con su Nobel de Literatura a cuestas, Mario Vargas Llosa ha estado dictando cátedra por Punta del Este, repartiendo a piacere condecoraciones y diatribas sobre los gobernantes de la nueva América Latina, Uruguay incluido. Se reunió con los ex presidentes Sanguinetti, Lacalle y Jorge Batlle (por cierto Tabaré Vázquez no se sumó al coro), y pronunció una conferencia para concurrencia selecta a 250 dólares por cabeza.
Lo que dijo sobre América Latina y Uruguay no sólo no se ajusta a la realidad sino que es su reverso. Como lo viene haciendo desde hace años, anatemizó a Chávez y a Evo Morales, se permitió poner en duda el carácter democrático de gobiernos que han recibido en forma reiterada el apoyo ciudadano en comicios irreprochables, que barrieron con regímenes oprobiosos y corruptos y desarrollan políticas a favor de los amplios sectores populares, como nunca había acontecido en la historia de esos países.
En el caso de Uruguay, concedió que vive en un régimen democrático, pero lo planteó como una continuidad con gobiernos anteriores, cuando las realizaciones de los gobiernos de Tabaré Vázquez y ahora de José Mujica significan poner patas arriba las políticas de los gobiernos anteriores en todos los aspectos, en particular en lo referido a las orientaciones económicas neoliberales y de supeditación al FMI, y de ahí sus resultados auspiciosos en materia de desarrollo productivo y comercio exterior, de puestos de trabajo y reducción de la desocupación, de salarios y pasividades, de educación y salud. Un apunte al pasar: al referirse a la educación, se lamentó de que "la educación siempre está en manos de la izquierda" y la crónica registra que allí se produjo un fuerte aplauso del público.
El laureado escritor tuvo coincidencia plena con los tres ex presidentes uruguayos citados. Pero éstos representan el pasado de nuestra vida política. Con Sanguinetti, el partido de Batlle, de Domingo Arenas y Julio César Grauert, y también de Alba Roballo y Zelmar Michelini, se ha transformado en una secta dirigida por Pedro Bordaberry, que está imponiendo a todo el Partido Colorado una concepción de la más rancia derecha. "El Día", desde donde Batlle expuso sus ideas, se ha transformado en una suerte de garito. Y no hablemos de Lacalle, que fue la antítesis de Wilson Ferreira, combatiente de agallas contra la dictadura fascista.
En realidad, Vargas Llosa no comprende (mejor dicho, rechaza) la nueva realidad que se ha abierto paso en América Latina. La revolución cubana fue el principal acontecimiento de la historia continental desde las guerras de independencia, y desde el inicio del nuevo siglo y milenio vivimos una nueva época, con el advenimiento de gobiernos de izquierda y de las fuerzas progresistas. Pero el pensamiento del premiado literato no siempre ha discurrido por esos carriles. Cuando escribió una de sus obras maestras "Conversación en la catedral" (que retrata la vida del Perú bajo la dictadura del general Odría, de 1948 a 1956) vivía en París junto a una pléyade de jóvenes escritores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. En 1967 Vargas Llosa fue galardonado con el premio Rómulo Gallegos, y en esa ocasión pronunció un discurso en Caracas el 2 de agosto de ese año, en el que mencionando a García Márquez, y afirmó que la literatura es una forma de insurrección permanente e introdujo el siguiente párrafo: "La realidad está mal hecha, la vida debe cambiar. Pero dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social y América Latina se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y reprimen. Yo quiero que esa hora llegue cuanto antes y que América Latina ingrese de una vez por todas en la dignidad y en la vida moderna, que el socialismo nos libere de nuestro anacronismo y nuestro horror". En esa misma época firmó un manifiesto de apoyo a los guerrilleros peruanos.
Pero a poco de andar renegó de esas convicciones. Dícese que por influencia de Von Hayek, el pope del neoliberalismo, y del filósofo Karl Popper, que volvió a citar enfáticamente en su conferencia de Punta del Este. Dejó de apoyar a la revolución cubana, borró su pasado de intelectual de izquierda y, como escribió Ignacio Ramonet, "con la exaltación del neófito, se convirtió en propagandista enaltecido de la fe neoliberal". Y admirador de sus más conspicuos representantes, llamados Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Sobre esta última llegó a profesar "una admiración sin reservas, una reverencia poco menos que filial que no he sentido por ningún otro político vivo". En otro momento, cuando la "dama de hierro" fue destronada en 1990, le envió un ramo de flores con la siguiente esquela: "Señora, no hay palabras bastantes en el diccionario para agradecerle lo que usted ha hecho por la causa de la libertad".
Ya en ese despeñadero, dirigió su admiración hacia José María Aznar, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi. Pasó a ser miembro activo de la Comisión Trilateral, presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, fue galardonado por el American Enterprise Institute, apoyó la invasión de Irak en 2003 y el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 en Honduras. Se le ha definido como un agitador ultraliberal que colocó en su mira a Castro, Evo Morales, Chávez, Kirchner y "todo programa que posea un ápice de socialdemócrata".
Con su Nobel del año 2010, Vargas Llosa ha sido precedido en esta distinción por cinco escritores latinoamericanos: Gabriela Mistral en 1945, Miguel Angel Asturias en 1967, Pablo Neruda en 1971, Gabriel García Máquez en 1982 y Octavio Paz en 1990. Alguna vez escribí, citando a Alfredo Zitarrosa, que "una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa" (todo en verso). En esta ocasión, una cosa son los méritos literarios indudables, que justifican el premio, y otra cosa muy distinta es una concepción política retrógrada por los cuatro costados.

1 comentario:

  1. Por supuesto que vargas Llosa esta muy sastifecho con el gobierno de José Mujica, si este es la mejor manera de mantener encubierta la dictadura capitalista, estoy ablando del pensamiento único, un país con cuatro partidos políticos en el parlamento, todos defensores del neoliberalismo, todos a favor del libre mercado, la extranjerización de la tierra, la minería cielo abierto, las plantas de celulosa, la asociación publico-privado (privatización del estado), la forestación, la soja transgénica, todos fieles pagadores de la deuda externa,….yo soy uruguayo y debo decir que entre las políticas de la dictadura militar y el gobierno de “¿izquierda?” no hay ninguna diferencia, digo con honor que me di el placer en las ultimas elecciones de votar anulado ante el balotaje entre Mujica y Lacalle, en el fondo son lo mismo, la “democracia” es una fachada. Por supuesto que un personaje totalitario como Llosa ve bien al gobierno Uruguayo, si ese es su sueño, que todos pensemos igual que el, que todos seamos defensores del régimen criminal neoliberal!

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