martes, 28 de julio de 2009

El verdadero problema de la CIA

Por Tim Weiner

¿Le dirá la CIA la verdad al Congreso? ¿La escuchará el Congreso si lo hiciera?

La Portavoz de la Casa, Nancy Pelosi recientemente acusó a la CIA de mentirle sobre la tortura a terroristas sospechosos durante la administración del Presidente George W. Bush, lo que ha creado un verdadero torbellino. La gran mentira –el Presidente Bush dijo que los Estados Unidos no torturaron, aunque lo hicimos--ha estado perdida en la vorágine. Así que aquí está una dura verdad: sí, la CIA se negó a responder y engañó el Congreso en el pasado y el Congreso está completamente sordo y a la deriva en su vigilancia de la CIA.
El viejo colega de Pelosi en el congreso León Panetta, quien dirige la CIA, quiere enmendar las cosas. “Existe mucho veneno en el pozo", dijo Panetta el 18 de mayo, y "está hiriendo a este país" cuando el "Congreso y la CIA no sienten que son socios." Él dijo que comulgaría con sus supervisores del congreso, discutir a fondo en privado, hablar con ellos "de manera que podamos ser honestos el uno con el otro.

Buena suerte, León.

Gústele o no los Estados Unidos necesita de inteligencia fidedigna. Pero espiar es un negocio sucio y peligroso. La CIA depende de funcionarios que saben como mentir, timar y robar--usar el engaño, usar la manipulación, para utilizar, francamente, la deshonestidad", de acuerdo a las palabras de un ex-asesor general de la CIA Jeffrey Smith. Pero cuando las cosas salen mal en el extranjero –como suceden a menudo –la CIA es llamada a rendir cuentas de vez en cuando a Washington. Ahí es cuando las cosas realmente van mal.
La CIA es "una organización en la que pulula el engaño", dice John Hamre, ex–subsecretario de defensa. "¿Cómo usted maneja una organización como esta?" El congreso no tiene la voluntad o los medios para hacerlo.
El congreso creó la CIA en 1947, y por una generación la mayoría de sus miembros hizo lo que el Senador John Stennis aconsejada: "Tome una determinación que usted tendrá una agencia de inteligencia y la protegerá como tal, y cierre algo sus ojos, y tome lo que vendrá." Entonces un presidente recientemente investido, Gerald Ford, dejó entrever que la CIA había urdido planes letales contra líderes extranjeros que empañarían a todos los presidentes desde Harry Truman.
Ford recordaría esto con cierta angustia; él había sido un Congresista cuando fue llamado a servir en la Comisión Warren que investigaba el asesinato del Presidente Kennedy. En el ocaso de su vida reflexionó sobre cómo la CIA ocultó secretos a la comisión--notablemente los planes contra Fidel Castro. Era "excesivo" que la CIA no “estuviera dándonos la historia completa", dijo Ford.
Pero cuando estaba en la Casa Blanca, Ford temió que la verdad sobre el pasado destruyera la CIA y dañara a los Estados Unidos. Ese mismo tipo de miedo está ahogando los llamados a una comisión de verdad sobre la conducta de la "guerra contra el terror."
"La pregunta es cómo planear el encuentro de la investigación de la CIA", meditó Ford en una reunión en la Casa Blanca en febrero de 1975. Su jefe de personal, Donald Rumsfeld, encargado de "una operación de daño-limitado” para impedir que los secretos se vertieran en el Congreso. El hombre escogido por Ford para dirigir la CIA--George H.W. Bush—lo hizo lo mejor que pudo. Pero nadie protegió al ex–director de la CIA Richard Helms. Cumplió una condena condicional de dos años en 1977 bajo el cargo federal de engañar al Congreso sobre sus órdenes del Presidente Nixon para derrocar el gobierno de Chile.
Helms tenía una obligación para testificar verídicamente, pero pensó que tenía un juramento superior para guardar los secretos. La historia política de Norteamérica se convirtió en cuál juramento importaba más. Durante los últimos treinta años, el Congreso ha luchado por el derecho a supervisar la CIA. No ha cumplido sus responsabilidades.
Antes que el presidente Reagan asumiera la presidencia, en 1981, el Congreso creó comités de vigilancia de inteligencia en el Senado y la Casa. El jefe de CIA de Reagan, William Casey, los frustró durante seis años. "Casey era culpable de desacato al Congreso desde el día que tomó juramento", dijo Robert Gates, el segundo hombre de Casey, ahora secretario de defensa. Casey se ofuscaba alegremente ante los comités de inteligencia; sus superiores testificaron evasivamente. Entre las consecuencias estuvo el asunto Iran/Contra que estalló en 1986. Los ojos de los Estados Unidos detectaron envíos de armas a Irán, examinando las ganancias y deslizándole dinero a los anticomunistas en Centroamérica estuvieron a punto de arruinar la presidencia de Reagan.
Desde 1986 a 1994, la CIA envió noventa y cinco informes altamente clasificados a la Casa Blanca sobre el poderío militar de Moscú. Los oficiales de la CIA de mayor categoría sabían que parte de los datos estaban alterados por Moscú y diseñados para engañar a los Estados Unidos. Ellos decidieron que no importaba. El descubrimiento de este engaño en 1995 fue "increíble" y "chocante", dijo Fred Hitz, que en ese entonces era inspector general de la CIA. “Lo que resultó de todo este incidente fue un sentimiento de que no se podía confiar en la agencia." La CIA había roto "la sagrada confianza", dijo Hitz, "y sin eso, ninguna agencia de espionaje puede hacer su trabajo."
Desde 1995, la CIA usó la fuerza aérea peruana para derribar aviones sospechosos de llevar cocaína. En abril del 2001, la operación atacó un avión que transportaba una familia de misioneros de Michigan sobre el Amazona. Veronica Bowers, 35, y su hija, Charity, de siete meses de edad fueron asesinadas. El inspector general de la CIA John Helgerson informó que oficiales de la CIA habían violado órdenes presidenciales durante el control de la operación y habían ocultado sus fechorías al Congreso, al Departamento de Justicia y al Consejo de Seguridad Nacional.
Siete años después del derribo del avión Peter Hoekstra--el Republicano de más rango en el Comité de la Inteligencia de la Casa, ahora postulado para gobernador de Michigan--publicó unos párrafos condenatorios del informe. Él lo llamó evidencia de que la CIA "opera fuera de la ley y encubre lo que hace y le miente al Congreso." Eso fue lo que Pelosi dijo sobre la tortura.
Ahora, bajo las ordenes del presidente Obama de desmantelar y derrotar Al Qaeda, la CIA está matando a los terroristas sospechosos con proyectiles de control-remoto disparados desde aviones radioguiados sobre Pakistán y Afganistán. La CIA decide si ha hecho blanco en los blancos correctos y si las muertes de civiles son aceptables. ¿Queremos realmente vivir en un mundo dónde el servicio secreto de la CIA tiene la autoridad para decidir quién vive y quién muere? La idea de que la CIA puede estar matando civiles, iniciando una mayor guerra, es demasiado para que el Congreso lo maneje.
La vigilancia es un arma de doble sentido --vigilar y dormir demasiado. Por lo que es dudosa. Significa mentir y significa una falta de dirección. La responsabilidad que tiene el congreso de vigilar la CIA generalmente no se cumple. Tiene que hacer las preguntas correctas, y pedir respuestas completas, así como realizar un reporte anual al pueblo norteamericano.
¿Le dirá la CIA la verdad al Congreso? ¿Escuchará el Congreso si la CIA lo hiciera? Si la confianza continúa rota, la inteligencia fallará de nuevo. Y cuando falla la inteligencia, soldados y civiles mueren.

Sobre: Tim Weiner
Tim Weiner, reportero ganador del premio Pulitzer, cubrió la CIA para el New York Times. Es el autor de Legado de Cenizas: La Historia de la CIA que ganó el Premio de Libro de Nacional para literatura realista en 2007.

Tomado de Counterpounch

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